martes, 29 de julio de 2014

UN CUENTO CHINO


“Muerte de una heroína roja” podía haber sido una novela policial más, pero hay varios factores que la convierten en una lectura más que interesante.
En primer lugar, su autor Qiu Xiaolong, ubica el desarrollo de la trama en Shangai, China comunista de 1990, es decir poco después de la masacre de la Plaza de Tienamen y en pleno proceso de cambios de la economía impulsados por el sucesor de Mao, Deng Xiaoping.
Esa rendija por donde comienza a colarse el “capitalismo al estilo comunista” sorprende mostrando no solo la corrupción imperante en altas esferas de las cúpulas del Partido sino además, las condiciones en que vive gran parte de la población.
En el caso del protagonista del libro, el recién ascendido a Inspector Jefe Chen Chao, gracias a “algunos contactos” que posee, se le otorga una vivienda nueva que cuando inaugura en presencia de un puñado de amigos (porque el espacio disponible es mínimo) alguno de sus invitados suelta muy como al pasar “que privilegio, hasta baño privado tienes”….. así, como este ejemplo,  la novela está plagada de este tipo de anécdotas que hacen (o hacían?) a la vida diaria de los chinos de las grandes ciudades. Fácil es imaginar la situación que se debe (o debía?) vivir en el medio rural.
La anécdota en sí es bastante simple: el cuerpo de una joven es hallado flotando en un río y resulta ser que se trata de una heroína trabajadora a nivel nacional. Su muerte, y sus posibles autores, presuponen meter el bisturí a fondo en estratos políticos sumamente peligrosos para Chen Chao y su más cercano colaborador.
Insisto en que la trama de la novela parece ser nada más que una excusa para pintar un panorama de una China no del todo conocida.
Por último y haciendo de alter ego del propio autor de la novela, el Inspector Chao es un literato y poeta de fuste y cada tanto nos deja con alguna joyita  literaria de quien – de paso – nos enteramos que es uno de los poetas modernos más importantes de China, Bian Zilin:
Al contemplar la escena desde la ventana
Te conviertes en la escena de otro.
La luna decora tu ventana
Y tú decoras el sueño de un extraño.


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