martes, 27 de agosto de 2013

Variantes del ajedrez

A principios de la década del 90, por razones laborales tuve que realizar un viaje imprevisto a Hong Kong, un lugar que nunca antes había visitado y que despertaba curiosidad y expectativas por lo exótico y lo lejano.
Justamente, por lo lejano, tenía que pensar en pertrecharme de todos los “entretenimientos” posibles para soportar las larguísimas horas de avión que tenía por delante.
El viaje lo realizaría con un compañero de trabajo a quién no conocía: él vivía en Mar del Plata mientras yo estaba en Montevideo. Pertenecíamos a la misma empresa y en tiempos que no había ni Facebook, ni blogs, ni nada que se le parezca, nuestro conocimiento mutuo eran apenas llamadas telefónicas de tanto en tanto.
Cuando surgió la posibilidad de este viaje, entre tantas cosas que intentamos coordinar para el mismo, conversamos de qué podíamos hacer para luchar contra el tedio que ocasionaría el vuelo.
Rápidamente surgió un gusto en común con mi compañero: el ajedrez.
Viajé con un pequeño ajedrez magnético que nos permitió paliar en cierta forma las interminables horas de avión.
Ya instalados en Hong Kong, y en una de las típicas recorridas por las zonas comerciales, llamó mi atención un juego de mesa llamado “Terrazas” que se promocionaba en vidriera como “el sucesor del ajedrez”.
El juego llamaba la atención a primera vista porque su tablero, en lugar de ser plano como los de ajedrez, tenía relieve, subidas y  bajadas que le daban un aspecto bastante diferente a lo que uno conocía hasta ese momento.
El segundo llamado de atención era promocionado en otro cartel que se encontraba en las góndolas donde se exhibía el juego: era el único juego de mesa en donde una ficha para avanzar podía “comer” una ficha de su mismo equipo. Se decía que estaba permitido “el canibalismo” en las mencionadas “Terrazas”.

Vine para Uruguay con el famoso tablero y durante un tiempo con mi esposa y algún otro integrante de la familia, jugamos ocasionalmente con “Terrazas”. Luego, el juego cayó rápidamente en el olvido hasta terminar guardado en el fondo de algún placard.
 
La anécdota viene a cuento ahora porque desde hace un tiempo en distintos medios uruguayos se viene promocionando la invención por parte de un compatriota de un nuevo juego llamado “Four fronts” o “Cuatro frentes”.
Su inventor – por lo que alcancé a ver – vive y promociona en USA este nuevo juego que está teniendo bastante difusión por lo cual viajó a Uruguay para presentarlo aquí también a través de los medios.

 Básicamente es un ajedrez que se puede jugar desde los cuatro lados con dos, tres y hasta cuatro jugadores con mismo número de ejércitos en una batalla de todos contra todos o en equipos de dos contra dos o dos contra uno.
Consta de doce piezas en lugar de las 16 conocidas en el ajedrez disminuyendo el número de peones y agregando una nueva figura desconocida en el juego de los reyes: el Príncipe.
Todas las piezas mueven en el mismo sentido que en el ajedrez, mientras que el Príncipe combina dos movimientos: inicia como un alfil, su primer movimiento es en diagonal, y luego pasa a moverse en sentido vertical y horizontal como lo hace la torre.
Si bien no he jugado al “Four fronts” parece interesante aunque supongo que algo caótico cuando se enfrentan cuatro ejércitos en una misma batalla.

Por su parte, el juego de “Terrazas” parece seguir vivito y coleando, según Google, y ha sufrido algunos cambios en la medida que la licencia del juego ha ido variando de dueño en dueño.

De todas formas, parece claro que “Terrazas” o “Cuatro frentes” podrán entretener, pero parecen estar muy lejos de provocar el desarrollo intelectual que hasta hoy, su exponente máximo entre los juegos de mesa,   sigue siendo el ajedrez.



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