miércoles, 3 de julio de 2013

Sukkwan Island


Es difícil explicar como llegué a este libro.
La dificultad nace sencillamente de no saberlo!
Normalmente uno inicia una lectura porque conoce al autor y su obra anterior, o porque ha sido recomendado por alguien o porque sencillamente tiene la suficiente propaganda como para que el lector  se sienta atraído.

Ninguna de estas circunstancias fueron las que me llevaron a él.
Ví la tapa con el dibujo de un salmón y me llamó la atención.
Luego cuando en una breve reseña indicaban que la historia se desarrollaba en Alaska, precisamente en Sukkwan Island, pensé que podía ser un libro atractivo.

Sería muy fácil decir ahora que había leído las innumerables críticas elogiosas que hay sobre esta pequeña novela.
Sería fácil decir que uno leyó la biografía de su autor David Vann, o que supo que se le compara con Hemingway o Cormac Mac Carthy, pero todas esas informaciones paralelas fueron surgiendo a medida que uno avanzaba en el libro y se iba encontrando atrapado en la angustia opresiva que Vann teje con indudable maestría y sentía curiosidad por saber si otros compartían la opinión propia de que estábamos ante una gran novela.

En esas lecturas paralelas en algún sitio de la web algún lector escribió que al terminar la primera parte tuvo que dejar de leer el libro durante varios días “para poder tomar aliento”…..

El meollo de la historia es la de un padre y su hijo de 13 años que viajan a instancias del primero a vivir  en esa isla de Alaska durante un año sin contacto con el resto del mundo.
El padre, dentista, con dos divorcios encima y una vida con la que no sabe muy bien que hizo ni lo que hará, tiene la idea de ese viaje para re establecer el contacto con su hijo quien vive con su madre en California y fundamentalmente para reencontrarse consigo mismo.
El chico pese a su disgusto inicial y su negativa a realizar semejante viaje, termina finalmente aceptándolo porque él también cree que será una oportunidad de retomar el vínculo familiar pero fundamentalmente, para darle el gusto al padre.

Pero a partir de la convivencia en un territorio salvaje y donde quien tiene que tener las riendas de las decisiones mínimas para sobrevivir  no lo hace, se comienzan a suceder hechos que van tensando la situación entre ambos hasta desembocar en lo que el lector que mencionaba más arriba indica que lo dejó sin aliento.
A propósito, recomiendo NO LEER  la biografía de David Vann pues la misma es justamente el desencadenante de este libro y ofrece pistas demasiado fáciles de seguir para saber como se desarrollarán los acontecimientos.
De alguna manera se puede decir que es éste un libro autobiográfico.

Si la primer parte del libro termina de una forma demencial, toda la segunda transmite el derrumbe de un ser humano ante un cúmulo de adversidades con las cuales no se siente en condiciones de pelear.

Al terminar la novela, tengo la sensación de que la segunda parte es tanto o más alucinante que la primera.
Generalmente, termino un libro y ya estoy con la cabeza puesta en el siguiente.
En este caso, y casi imitando lo del lector “sin  aliento”, me he tomado un descanso de varios días antes de emprender la lectura de otro libro.

Creo firmemente que este es uno de esos libros que se quedan repiqueteando en la cabeza y que pasarán los años y estará sin duda en ese lugar, en ese pedestal guardado exclusivamente para las obras maestras.
Espero que como siempre decimos en este blog, nuestras breves palabras motiven a alguien a hacerse de esta pequeña joya y deleitarse con su lectura.

1 comentario:

Santiago Bosco dijo...

No te quepa duda de que lo buscaré.
No es fácil hoy encontrar escritores que te provoquen ganas de no cerrar el libro a la décima página.
Gracias.