lunes, 10 de junio de 2013

AMODIO


Hace pocos días y a raíz del show mediático de Lanata contra el gobierno K, Alejandro Dolina – poco propenso generalmente  a meterse en temas políticos – comentó una carta de un oyente el cuál se manifestaba preocupado por la gravedad de las denuncias presentadas por el periodista argentino.
Dolina con su impronta habitual, mencionó que él “también estaba preocupado”, “preocupado por la preocupación del oyente” haciendo referencia a que el público en general dá por sentado que lo que se dice de boca de un periodista, que lo que se plantea en una denuncia de ese calibre, es necesariamente cierto.
Lejos de defender el kirchnerismo, lo que Dolina decía es que siempre hay que estar atento y escuchar las dos campanas.

Quienes vivimos con intensidad (a veces no buscada) los turbulentos sucesos de Uruguay entre los años 68 y 72 vimos como desde la clandestinidad y alimentado desde adentro del MLN,  la figura de “El Negro” Héctor Amodio Pérez creció y creció hasta transformarse en mito, en leyenda.
Las operaciones cinematográficas, las fugas increíbles, las acciones inverosímiles pasaron de la noche a la mañana a ser todas producto del cerebro del “Robin Hood” de los tupamaros.
Luego, cuando la derrota militar del MLN y el posterior golpe de Estado, la dictadura se ocupó de que estos sucesos y otros relacionados con las acciones de la izquierda en general cayeran en el más oscuro de los silencios.
Y esto también alimento el mito: que Amodio estaba en Nicaragua con Edén Pastora luchando contra la revolución sandinista, que colaboraba con el Mossad, que lo habían visto en España, que se había cambiado el rostro, etc.., etc…
También desde filas del MLN se “colaboró”  con esa imagen intangible de Amodio, diciendo que estaba condenado a muerte por traidor.
También en este caso, como en el de Lanata, el público en general se vió forzado a escuchar solamente una campana.

Hasta que hace pocos días, el 21 de mayo para ser más precisos, y tras varias cartas enviadas a distintos medios de prensa l os cuales no se hicieron eco de ellas hasta confirmar la veracidad de las mismas, Amodio Pérez “puso la cara” para que el diario El Observador lo fotografiase y lo sometiera a un cuestionario de 15 preguntas que el periódico con buen tino tituló “15 preguntas a un ex tupamaro” parafraseando aquella campaña del MLN en la clandestinidad que se llamó “15 preguntas a un tupamaro”.

Finalmente pudimos saber que decía “la otra campana”, y en sus respuestas, Amodio, más allá de enchastrar a ex compañeros con acusaciones que podrán ser ciertas o nó, no es el punto, admitió que hizo “unos trabajos de ordenar los papeles a la OCOA”,  participó con Wasen Alaniz en la decisión de entregar la Cárcel del Pueblo, y en definitiva colaboró sin guardarse nada para que cayera todo el aparato militar del MLN a cambio de su libertad y la de su compañera Alicia Rey Morales.

Cuarenta años después de aquellos sucesos, Amodio irrumple nuevamente en escena.
Para qué después de tantos años? Esa es la pregunta que todos se hacen.
El dice que para que “se sepa de una vez por todas la verdad”.
El tiempo es quién finalmente dará su veredicto definitivo.



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