martes, 6 de noviembre de 2012

Leonardo Favio

Favio, musicalmente hablando, es un tipo difícil de definir.


Sobre finales de la década del 60, y cuando ya tenía una sólida carrera como cineasta, incursionó con un éxito increíble en el terreno de la canción.

Con Palito Ortega y Sandro, conformaban una trilogía imbatible en el terreno de lo que hoy calculo que se debe llamar “melódico internacional”.

Por esas épocas, yo militaba furibundamente en las huestes del rock.
Era fundamentalista.
Nada que se apartara de esa corriente podía ser bueno, o al menos escuchable.

De este lado de la cancha estábamos los que “la teníamos clara”, del otro lado, la música comercial, la “porteñada”, el “sha la lá”, o todos los otros términos despectivos que se utilizaron para catalogarla.


Favio, para nosotros, entraba en esa categoría, y sin embargo había que reconocerle algunas cosas que lo distinguían del resto del bolsón.

Sus letras tenían un cierto vuelo lírico que lo distinguían. “Quiero aprender de memoria”, “Fuiste mía un verano” o “Ella ya me olvidó”, son buenos ejemplos de que el tipo sabía lo que quería decir.

También, tuvo el “atrevimiento” de hacer un cover de “Almendra”, nada más ni nada menos que “Tema de Pototo” que en su disco se llamó “Para saber como es la soledad”.

Ni que hablar de nuestra “Chiquillada” de "El Sabalero" que también supo recibir una digna versión.

Claro que atrás suyo estaba el sello CBS y la necesidad de facturar, entonces, aparecían cosas como “Ding Dong”, “Asi es Carola” o algunos otros engendros que calculo que ni al propio Favio le debían gustar.

Para quienes no hayan tenido la oportunidad de escucharla, recomiendo con énfasis, el tema “Amanecer y la espera”. Tremenda canción que me quedó sonando en la cabeza desde el primer momento que la escuché (los fundamentalistas, también hacemos concesiones).

1 comentario:

Lucía.uy dijo...

Jorge: que tengan todos un buen comienzo de año!
un abrazo