martes, 25 de septiembre de 2012

Jorge Manicera

Naci en un hogar donde el futbol pasaba desapercibido.


Mis padres decian ser de Nacional, como podrian haber dicho Peñarol, Fenix o algun cuadro de la liga Guruyu.
No tenían la mas mínima pasión por el fútbol.
Mi madre jamas pisó el estadio. Sus gustos - fiel a su niñez en Colon -  iban por el lado del basketball y siendo de aquella zona del oeste de Montevideo, no podia ser de otro equipo que de Olimpia.
Mi viejo se jactaba de haber ido una sola vez en su vida al estadio.
No recuerdo si fue para ver un desfile de carnaval o para recibir a los campeones del 50.
Pero a un partido de futbol, jamas.

Yo, como buen bicho raro me apasioné por el futbol remando contra la corriente familiar.
Bolso desde chico pero seguramente no por mis viejos, sino por un amigo del barrio y de la escuela que era fanático de Nacional igual que su padre.
La primera vez que fui al Centenario fue con ellos dos.
No sé exactamente el año, seguramente tendria 7 u 8 años, calculo que seria el 63 o 64.
Fuimos a ver Nacional - Rampla.

Roberto Sosa - el meta que volaba como un Caravel, al decir de Heber Pinto - era el arquero, seguramente en esa formacion estaba Domingo Perez, Baeza, el querido Peta Ubiña, el inolvidable Cococho Alvarez, se me mezclan planteles de aquellos años, pero habia una figura que se erguia como genio y figura entre tantos otros jugadores.

Era Jorge Manicera.

Uno lo veia en la cancha, alto, espigado, con una jerarquía tecnica inigualable y aunque por nuestra corta edad no supiesemos mucho de fútbol, podia captar que estaba ante la presencia de un exquisito jugador.
Fue un gladiador en aquellas finales de guerra contra Racing de Avellaneda por la Libertadores, pero fue por encima de todo un señor fuera y dentro de la cancha.
Recto y aplomado.
Con la educacion y caballerosidad que pocos pueden desplegar hoy en dia dentro de un rectangulo de juego.

Muchos años después, trabajé en la Ciudad Vieja por mas de una decada y media.
De tanto en tanto lo veia pasar por Cerrito,  por Misiones. De traje y corbata, tranquilo, pausado, lejos de las poses de superstars que hoy se maneja en el mundillo futbolero.
Se había transformado en un empleado bancario.
Le habíta tocado jugar en una época en la que aún teniendo algun pasaje por el exterior, como efectivamente tuvo, cuando los jugadores se retiraban, debían seguir trabajando para parar la olla.
No había danza de millones de dólares o de Euros.

Nunca lo saludé o le agradecí en esos cruces casuales,  tantos momentos inolvidables que pase viéndolo jugar. Hasta que un dia, volviendo  de Buenos Aires en BuqueBus,  estaba haciendo la cola de la caja del free shop justo adelante mio.

Le digo, se acuerda del album "Los trico y los peña?"
Habia una figurita doble que hoy deberia estar colgada en algun archivo de internet.
Correspondía a una foto tomada en un partido de Copa Libertadores, ni mas ni menos que contra Peñarol.

Nacional ganaba 1 a 0 y en un ataque aurinegro, con Rogelio Dominguez ya vencido, la pelota se introducia en el arco a media altura, cuando Manicera apareció fantasmalmente para sacarla de chilena sobte la linea.

La figurita de aquel álbum titulaba abajo "Magistral salvada de Manicera".

Le recorde al ex jugador aquel título, aquella figurita que atesoré durante años sin siquiera pegarla en el album para que el recuerdo perdurara con distinción jerárquica sobre los demas cromos.

Manicera me escucho con atención, se sonrió, y con esa humildad típica de los grandes, me dijo casi con verguenza "muchas gracias....."

El crack inolvidable se nos fue en estos días.
Un tipo que estuvo siempre lejano a los homenajes, que nunca más volvió a una cancha de fútbol, pero que dejó con su fina estampa un recuerdo indeleble en todos aquellos que queremos al deporte en general.

1 comentario:

el gato utópico dijo...

Querido Jorge:
Yo también vi jugar a Manicera.
Yo también supe tener aquella "sellada" de la chilena.
Y aunque soy de Peñarol, supe disfrutar de aquel Nacional de Zezé Moreira y del Pulpa Etchamendi.
Tal vez porque yo era apenas un niño de 6 años, con el tiempo la imagen de aquellos "monstruos" se me fue agigantando. Como Don Carlos Solé vivía a pocas casas de la mía, en la vieja calle Cuaró (hoy Carlos Solé), el viejo me llevaba al estadio. Y allá sentado bajo su cabina vi jugar al primero y a las reservas de Peñarol y Nacional.
Sábado y domingo en el Estadio Centenario... parte de mi infancia, tan feliz.
Cómo no recordar a Manicera y su caballerosidad?
Al "Cococho" Emilio Alvarez, con aquella metida entre los hombros y sin embargo siempre llegaba con su cabeza salvadora.
A Montero Castillo, Mujica, Maneiro, el chileno Prieto, Cubilla, Ildo Maneiro, Celio Taveira, Manga, Rogelio Domínguez, Meneses, Jacinto Caballero.
Y los duelos de la Olímpica... el "Negro" Joya y el "Peta" Ubiña.
Y de mi cuadro... el "Chiquito" Mazurkiewicz, Lezcano, Varela, Forlán, el "Tito" Gonçalvez, Caetano, Abbadie, Rocha, Spencer y Joya... uffff...
Puedo decir con alegría que cuento entre mis amigos a Jackie Spencer, hija de aquel ecuatoriano universal. Uno de los más grandes jugadores de fútbol que vi.
Pero volviendo a Manicera... siempre me pareció un señor.
Dentro y fuera de la cancha.
Otros tiempos... yo no sé si mejores o peores que el actual, pero hay algo que no cambia, que no muta... los grandes son más grandes aún cuando más humildes
No sabía nada de su partida.
Que descanse en paz.
Y gracias por tu post en su homenaje. Hiciste que se me vinieran los recuerdos a galope tendido.
Se agradece...