miércoles, 9 de mayo de 2012

Darno: las canciones del zurcidor

 Se puede pedir algo más que cuatro figuras femeninas relevantes dentro de la música popular uruguaya se junten a cantar en el Solís?


Sí, se puede!

Que lo hagan homenajeando ni más ni menos que a Eduardo Darnauchans!

El pasado sábado, sobre una idea original de Laura Canoura y Andrés Bedó, se unieron a la primera, Maia Castro, Ana Prada y Mónica Navarro para realizar juntas el espectáculo que llamaron “Las canciones del zurcidor”.



Desde un principio la idea fue respetar los temas tal como eran originalmente, pero pese a ello el piano maestro de Andrés Bedó navegó por algunos arreglos exquisitos que de alguna forma le dieron un toque diferente a temas emblemáticos del Darno.



A Canoura la seguí durante mucho tiempo con sus legendarias participaciones con Las Tres en La Barraca, luego con el espectáculo de La Piaf para lentamente ir dejando de lado una escucha en profundidad de su trabajo.

Sin que esto implique dejar de reconocer que es sin duda nuestra primera voz femenina.

Anita Prada fue una de las gratas sorpresas que hemos tenido en los últimos años en el plano musical uruguayo. Sus dos trabajos solistas son impecables y destila una simpatía en público que hasta se le perdona que se haya olvidado la letra de “El instrumento” (¡!!)




A Mónica Navarro obviamente la seguí en su veta rockera con La Tabaré. Algo también de sus incursiones tangueras, pero prefiero su etapa anterior.


A Maia Castro directamente no la había escuchado antes. Será precisamente por eso, por su timbre de voz “nuevo” para mí, que fue de las cuatro, la que más me llamó la atención.

También, porque fue ella la que cantó “Balada para una mujer flaca” con una fuerza conmovedora.

De Laura, me quedo con una imborrable versión de “Pago” acompañada solamente por Bedó en el piano.

Enorme versión de “Corazón coraza” nos dejó Mónica.

Y Ana Prada, pese a la pifia ya mencionada, “El instrumento” fue un punto más que alto.



En suma, un espectáculo que debería repetirse.

Laura anticipó que difícilmente lo puedan volver a hacer ya que cada una tiene sus propias actividades artísticas y nuclearlas en una misma fecha a todas ellas (más la banda extraordinariamente rigurosa al comando de Bedó) es bastante complicado.



Para finalizar, el “programa” impreso que se entregaba a los espectadores, tenía – como no podía ser de otra manera – un dibujo de Fidel Sclavo, creador de varias cubiertas de los discos del Darno.



En el reverso, este texto de Javier Silvera, por lo menos para mí, desconocido.

EL HIJO DEL DOCTOR:




La plaza era luna blanca
bordada en senderos
la escuela en la esquina
era verde y gris.

La parroquia…
era del padre Torres,
y del sesenta y ocho
la lucha estudiantil.

La casa tenía la chapa
del viejo pediatra
Dr. Darnauchans…
Venía a salvarme a mi casa,
me traía caramelos
en su maletín.

El barrio es testigo
de miles de infancias…
y en una de sus cuadras
crecía el hijo del doctor,
entre ampicilinas
y libros de poesía…
trasnochando con Borges,
crecía el poeta sin luz.

El parque con su luna blanca
bordeaba el río chico
del Tacuarembó
sentado en un banco
un muchacho leía su libro
de Edgar Allan Poe.

La Jup lo acechaba en las sombras
cobardes y antipatriotas,
el nunca se rindió
Comunista de buena tela
Ciudadano en vela
la noche lo ungió.

Por años fue el mago
de las melodías,
de oscura poesía,
dormida en su voz
La muerte… pretexto
de amor en destierro
lo esperó desnuda,
pidió su canción.

La última vez que el viento sopló.
La última vez que hubo tanto dolor.
La última vez que tomó su trago…
no tenía sabor el alcohol.
Su vieja Gibson lo llora
dentro de un aparador.









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