viernes, 5 de noviembre de 2010

Bolsita de los recuerdos

Pasan los días y se me sigue haciendo cuesta arriba expresar lo que la muerte de El Sabalero provocó en nosotros.


Porque es caer en lugares comunes decir que se nos fue uno de los mas grandes, uno de los mas queridos de los nuestros, pero irremisiblemente llegamos a la conclusión de que no hay otra forma de decirlo.

El Pepito, como él mismo se nombraba, se ganó a fuerza de talento, humildad y carisma, el lugar más alto dentro de la consideración popular de nuestro país. Es innecesario nombrar la enorme cantidad de canciones que dejaron de pertencerle para ser parte de todos nosotros: en las escuelas, en las reuniones de amigos, en la rueda de mate, etc…

El Saba tenía la capacidad de pintar en sus canciones los paisajes pueblerinos que lo vieron crecer, lo hacía de una forma que nadie ha logrado igualar.

El decía que en su adolescencia, soñaba con escribir relatos más que hacer canciones, y eso se nota en cada una de estas últimas. Hasta donde recuerdo, solo Sabina es capaz de pintar historias casi como un cuento corto en una canción. Ese mismo mérito, esa misma capacidad es la que tenía José.

Aquellos que no estuvieron en el famoso incendio de Santa Teresa hace ya una punta de años, si escuchan el relato del Pepito en su disco “Cuentamusas”, no puede menos que sentir que se le chamuscan los pies, que se le incendia la carpa, o que el rugido del fuego lo invade todo. Tal la capacidad no solo de sus textos, sino y fundamentalmente, de su forma de decir.

El lunes pasado fuimos con Lily al homenaje que su familia decidió tributarle en el Velódromo y nada pudo ser más acertado que la forma en que fue realizado: sin músicos invitados, sin discursos grandilocuentes, sin siquiera un “palco de invitados”: el Pepe, el otro Pepe, el Pepe Mujica, llegó con Lucía y sin capangas y se sentó en la tribuna entre el resto de la gente, como una muestra más de la sencillez con la que todo el espectáculo fue realizado.

Y allí con el corazón estrujado y al borde de las lágrimas vimos a Pepito Carbajal desgranando sus canciones en una actuación en vivo desde el Solís, haciendo constantes alusiones – vaya ironía – a “esa vieja puta”, la muerte…..

Fue curioso porque verlo allí en un escenario y confundiéndose los aplausos del video con los de quienes allí estábamos, daba la sensación de que Carbajal estaba actuando para nosotros, y cuando terminó obviamente con “Chiquillada”, flotaba en el ambiente la idea de que recién en ese momento lo comenzábamos a perder, que esa sí era su última actuación.

Hace algunos años, Carbajal se había ido a vivir a Villa Argentina, allí nomás cerquita de Atlántida y “mi” Parque del Plata querido . Muchas veces pensé que me lo iba a cruzar: o en el Aguila o apurando una cerveza en alguna mesa de la peatonal de Atlántida, o sacando lenguados en la desembocadura del Solís chico. Siempre pensé que si esa posibilidad se daba, simplemente intentaría darle un abrazo y decirle “gracias por todo lo que nos has dado a través de tantos años”….. pero ese encuentro, lamentablemente, nunca llegó – me quedé con los brazos vacíos, como nos quedamos todos, un poco más solos, un poco más tristes, un poco menos cobijados por nuestros poetas de siempre.

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