miércoles, 17 de marzo de 2010

Caetano en Uruguay

Creo que lo primero que escuché de Caetano hace ya muchísimos años, fue "Qualquer coisa"..... no podía haber tenido un mejor comienzo para prenderme de una música y un cantautor que pasaría a estar en el pelotón de mis "referentes musicales".
Luego, a lo largo de los años fuimos trayendo de distintos viajes a Brasil, discos de vinilo primero y CDs después correspondientes a diferentes períodos de su dilatada trayectoria.

A principios de los 90, con Solange y el Pepe Corvina, con Isabel y el Pipa Martinez, Lily y yo cruzamos el charco para ver a Jethro Tull en Buenos Aires, y cuando aún retumbaba el rif de "Locomotive breath" en nuestros oídos, caminando por Corrientes nos encontramos con la sorpresa de que una noche después de haber visto a Ian Anderson y sus muchachos, teníamos la oportunidad de ver en vivo a Caetano. Era el espectáculo de "Circulado vivo". Tremendo.

Luego, lo disfrutamos en alguna otra de esas raras ocasiones en que tenemos la posibilidad de ver a Caetano por estas tierras.
Hasta el pasado 10 de marzo cuando - anunciado primero para el Centenario y cambiado luego para el Charrúa - fuimos a ver a Caetano una vez más.

Caetano fiel a su propia historia, fundador con Gal, Maria Bethania, Gilberto Gil entre otros, del movimiento cultural "tropicalismo" en su Bahia natal, no cesó de experimentar a lo largo de toda su carrera y en los últimos 2 o 3 años, con 60 y pico a cuestas, se respaldó en un trío de rock (la banda Ce), con un sonido "sucio", potente y contundente que está casi en las antípodas de lo que se conoce del bahiano.

El primer disco realizado con esta agrupación fue "Ce" y recibió unas cuantas críticas, y más que críticas, la sorpresa de la prensa y su público brasilero que no esperaban un cambio tan radical.
Luego vino "Ce ao vivo" y ahora "Zii e Zie", todos dentro de ese estilo emparentando con el rock de los 90 en adelante.

Me llevé la grata sorpresa de que la mayoría de la gente que colmó el Charrúa, no se sorprendió por lo que escuchó, es decir, se conocía sus últimos pasos musicales, y salvo un pequeño grupo de gente que seguramente se fue decepcionada, la fiesta fue mayor, con un Caetano con una voz que no siente el paso del tiempo, un dominio de la escena que deben envidiar algunos más jóvenes que él, una banda que sonó sólida y sin excesos, con algunos "clásicos" para tener contentos a todos, y unas dos o tres vueltas a escena para los consabidos "bises" que siempre parecen pocos aunque estuvo 2 horas arriba del escenario.

En suma, la satisfacción de "haber estado allí". Ojalá, como prometió, en el 2011 lo tengamos nuevamente en Uruguay.

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