martes, 19 de mayo de 2009

Cielo del 2009

El 18 de Mayo de 1984, estuvimos con Lily en el Centenario para lo que fue el retorno de los Olimareños al Uruguay después de tantos años de exilio.
En aquella oportunidad poco importaba la música.
Era el momento del re encuentro, como lo fue por esas mismas épocas con tantos otros:
Viglietti, Zitarrosa, los niños del exilio…. Había hambre de juntarse, de poder gritar tanta frustración contenida y ampararse en el anonimato de miles y miles de gargantas explotando en el mismo “se va a acabaaaaar….”
Causa algo de gracia ahora ver en las condiciones técnicas que se llevó adelante aquel memorable encuentro: un día frío, gris y lluvioso con Pepe y Braulio cantando debajo de una lona sostenida por gente de la novel ADEMPU. con cables por todos lados al borde del cortocircuito, y el Pepe cantando con una gripe que fue más que notoria en
algunos temas.
Cuando el Pepe Guerra arrancó con “El orejano” de Serafín J. García, el rugido de la multitud fue tan grande que parecía que el estadio se vendría abajo, parecía una prueba insuperable, claro…. hasta que llegó “A Don José” y lo coreó hasta la torre de los homenajes. Por suerte ha quedado un registro fonográfico donde se refleja claramente ese estado, esa comunión entre el dúo y su público.
Es que más allá de inclemencias del tiempo o desperfectos técnicos, estaba latente esa vez, la emoción, el reconocernos en el de al lado, en las banderas que flameaban por todos lados, en las voces que de a poco comenzaban a abrir espacios para manifestarse. Eramos jóvenes y estábamos ilusionados con una incipiente democracia que comenzaba a gestarse . Y eso también flotaba en el aire.

25 años más tarde, volvimos a estar en el Centenario.
Pero todo había cambiado: la noche era calurosa, el toldito con que se cubrieron en el 84 pasó a ser una estructura de toneladas de hierros y focos y pantallas gigantes.
No lo organizaba ADEMPU sino una productora argentina.
Las banderas eran muchísimas menos, y la emoción…… faltó a la cita.
Fue irreprochable el sonido, la visión desde cualquier sector, la forma en que el espectáculo fue armado, no se puede decir que el recital fue corto, por el contrario, duró más de dos horas y media, pero le faltó CALOR.
El calor de los espectadores y el calor de los Olimareños.
Durante los meses previos y desde el momento en que se anunció esta despedida, se generalizó una discusión sobre los motivos de la reunión del dúo luego de tantos años de ausencia. Y por supuesto la malediciencia típica de nosotros los uruguayos, diciendo “no se pueden ni ver, lo hacen solo por la guita”.
Soy de los que pienso que los artistas nuestros, merecen algo más que el aplauso del público o el “tomate una que invitamos” cuando tocan a beneficio de este o aquel motivo.
Desde ese punto de vista, si se unieron para recaudar lo que no tuvieron – o no les dimos – en más de 40 años de carrera, me paro y los aplaudo.
Y reitero, irreprochable espectáculo musical, pero faltó esa emoción necesaria de cuando los amigos se miran con lágrimas en los ojos porque saben que no se van a ver nunca más.
Me dicen que el espectáculo del viernes 8 fue más emotivo que lo que relato del sábado 9. Ojalá así haya sido.
Ojalá lo del sábado 9 haya sido “mi sensación térmica” y que las treinta mil y pico de personas que acompañaron esta despedida, lo hayan sentido de otra manera.
De una forma u otra, nada puede empañar la carrera y el compromiso de Braulio y Pepe a lo largo de tantos años, para ellos y para el canto popular uruguayo….. salú!!!!!

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