viernes, 17 de abril de 2009

Boliches III

…y si Uds. me permiten, hablando de boliches debo decir también que esta vida que nos eligió, vinculados al mar, a los barcos, a los puertos, nos ha dado el privilegio de conocer muchos lugares que de otra forma, era imposible haber visitado.
En esas ciudades, también los boliche-pub-pianobar-karaoke-o-comosellamen, están insertos en la idiosincracia de su gente y sus costumbres, por lo cual esta crónica no refiere a boliches en particular, sino a lugares en general. Por ejemplo:
En un invierno con una niebla digna de película policial, pude tomar cerveza en una taberna londinense a orillas del Támesis junto a un irlandés y un griego que competían secretamente por saber quien se tomaba más hectolitros de la rubia bebida.
En el Sofitel, cercano al aeropuerto Charles de Gaulle, festejé con vino nacional (je je) el haber salido sano y salvo de un enredo idiomático que casi me deja preso en Luxemburgo. En Hong Kong junto a un amigo marplatense, estuvimos en un restaurante donde oímos cantar a una flaquita tailandesa como pocas veces oí cantar en mi vida.
En La Habana con Lily, visitamos cuantas veces pudimos La Bodeguita del Medio para deleitarnos con el mojito hecho con verdadera hierbabuena; y para conocer los gustos de Hemingway más a fondo, también probamos el Daikiri del Floridita, pero para que no piensen que se trata solo de chupar, estuvimos en Copelia donde dicen se sirven los helados más ricos del mundo con copa, plato y cuchara de plata, no por un refinamiento digno de otros lugares sino porque era lo que les iba quedando de las tristes épocas de Batista.

En Kaohsiung tomé más cognac en una noche que el resto de mi vida en su conjunto: a los taiwaneses les gusta más que el whisky y parece que exigen que los demás opinen igual que ellos…. En Pusan nos obligaron a tomar un licor hecho con algún extracto de víbora: “gracias, estoy servido!” En Seúl, en un típico karaoke, le saqué una guitarra eléctrica a un coreano arriba del escenario e interpreté un par de temas de Los Beatles ante el delirio de los que estaban presentes. Aclaremos: “delirio” nó por la rudimentaria interpretación, sino por la borrachera azul que tenían.
Probamos con Lily en Brujas y Bruselas cuanto chocolate encontramos en la vuelta y en Bariloche el chocolate fue en tasa y acompañado de una copita de cognac. En Punta Arenas, junto a unos japoneses, tomamos pisco sour en un ranchito de madera a escasos metros de un cartel que decía “Bienvenidos al fin del mundo” y a sus pies se extendía la negrura silenciosa del Estrecho de Magallanes.
En Luxemburgo, una ciudad que después de las 19:00 hrs hay menos gente que en el Chuy, comía pizza y cerveza con la compañía de un perro policía que estaba todas las noches en la puerta del boliche: cuando yo entraba, venía detrás mío y se tiraba al costado de mi mesa invariablemente. La mujer que atendía el lugar, me hablaba en fladish muy suelta de cuerpo como si tuviese forma de entender algo de lo que decía. Y entre ella y "Crest of a Knave" que recién editaba Jethro Tull, dieron vida a un texto que ya publicaremos.

En la estación de trenes de New York a las 5 de la mañana de un gélido invierno, le hice el aguante a un primo que a escondidas de su esposa se desayunaba con gin….. En Valencia, Lily disfrutó del Pacharán y alguna botella se trajo bajo el poncho…. en Vigo, soportamos estoicamente una cena con percebes pero bien regada por vino tinto Alvarinho. En Cuernavaca, no faltamos al ritual del tequila con sal en el hueco de la mano y limón frotándonos los dientes. Tampoco al de la caipirinha en Bahía o la caipiroska con amigos en Camboriú.

Acá nomás, en La Boca, nos metimos con Lily en un bolichito donde escuchamos a tres veteranos que reíte de Buena Vista Social Club. Desgranaban tangos con una polenta que les envidiarían muchos jóvenes. En Río, con Carlos, como no podía ser de otra manera estuvimos en el boliche donde Vinicius y Antonio C. Jobim dieron vida al mito de la chica más famosa de las playas cariocas.
Y para darle un cierre a esta crónica, decir que en la muy fiel y conquistadora ciudad de Montevideo, junto al Pipa Martinez, en el ya desaparecido Easy Rider, tomamos y charlamos como viejos amigos con Glen Cornick, célebre bajista de la primera época de Jethro Tull….. cuantos gratos recuerdos!!! Hic...hic! Salú!!!!!!

6 comentarios:

Lucía.uy dijo...

.bue.......para una, que apenas si toma una mísera cerveza y queda en uso de semiplenos poderes , esto es...como decirte Jorge, esto es como el kamasutra para mi!jajajajajajaja......tanto nombre de chupidengue que ní sabía que existían...creo que ya ando medio en dope! jajaa.....noooooo es broma, me encantó tu crónica porque a la vez de conocer tus "boliches" y "tragos" me permitiste conocer que sentías vos en cada uno de ellos.....eso es lo bueno no? compartir.


Salú!

Jorge Pena dijo...

Hola Lucia.... es como decís, la idea es justamente compartir.
Espero que te lleve mas o menos tranqui la vorágine del CASMU
beso/Jorge

Lucía.uy dijo...

....nones Jorge, me tiene totalmente a mal trer...es como la historia sin fin! pero bue.....seguiremos "remando" (para estar a tono con vos jeje)

un abrazo

pepecorvina dijo...

choborra famoso!!!!
que bueno, jorgito.......
la puerta del rancho cumple...
como 22 años
la mierda!!!!
cheeeeeeeeee!!!!!

FLACA dijo...

Te digo que así no hay quién aguante...¡Salú!...¡Que nunca falte!...

fiorella dijo...

Cuanta graduación tienen estos posts!!. Sin duda que conocer las bebidas de cada lugar tiene algo especial.Un beso