domingo, 12 de abril de 2009

Boliches II

La mención de la apertura de “Bull dog”, me lleva irremediablemente a hacer un racconto de todos esos “boliches” que han signado nuestra vida.
Probablemente para cada uno de los lectores, habrán otros lugares, otros nombres, quizás coincidamos en algunos, lo cierto es que cada rincón, cada barrio, cada esquina de Montevideo tiene un boliche con una historia intransferible y que de una forma u otra, quienes hemos cruzado sus puertas, pasamos a ser partes de ella.
Debería empezar por el Bar TV en General Flores y Luis A. De Herrera, por donde mi viejo – allá en mi remota infancia - pasaba cada tardecita a comprar “El Diario” de la noche y cuando las finanzas mas o menos cerraban, comprar unas muzzarellas para comer en familia.
Cerca de allí, el Bar Carlitos, en Gral Flores y Lorenzo Fernández, quizás la mejor muzzarella (o la más abundante) de aquella época. Frente al bar, por Lorenzo Fernández, se armaban los clásicos tablados de barrio y una vez finalizada la función, terminábamos comienzo pizza en este bar.
Más acá en el tiempo, los inefables panchos con cerveza de La Pasiva de 18 y Ejido, la única que había en los 70 y donde nos juntábamos en nuestra adolescencia para realizar torneos sobre quien comía y chupaba más.
Los boliches de la Ciudad Vieja y más precisamente del área portuaria donde con mi grupo de trabajo, decidíamos estibas o desestibas, nombramiento de personal o suspensión de actividades según condiciones de tiempo que nos permitíamos engendrar en base a auscultar el cielo en los amaneceres portuarios y a los whiskies que el “meteorólogo” de turno tuviese encima: el bar El Globo, el Misiones, el Bar Los Beatles, El perro que fuma, y tantos otros.
Allí mismo, el Mercado del Puerto, con su Medio y medio de Roldós; allí mismo, en El Mercado, el champagne con el que brindamos cuando terminamos de cargar el primer barco que se llevó madera de Uruguay. No recuerdo exactamente el nombre de esa parrilla, pero la dueña un poco mayor que yo, nos miraba con una sonrisa en los labios pero con unos ojos de una profunda tristeza. Un tiempo después, murió sin haber compartido con nosotros en tantas tertulias políticas, su paso por las cárceles y la tortura. Dignidad a rajatabla.
“Cabaña Verónica” también en el Mercado, por donde pasamos con tantos y tantos amigos y clientes de distintas nacionalidades y donde siempre encontramos una mesa lista para nosotros.
“La Barraca”, la primer “Barraca”. La de Daniel Magnone, en la cual, cuando recién abrió, nos juntamos con Magnone y mi amigo Raúl Bonapech (que se fue de gira) a tomar y charlar con Jaime Roos, hasta que el Bona logró convencerlo de que tocara en vivo para darle el espaldarazo al boliche que recién abría sus puertas. Esa misma noche mi amigo Raúl – entre nubes de humo y alcohol - le preguntó seriamente a Jaime, si él sabía realmente “cuantas puertas giratorias tiene una mujer”.


Esa misma Barraca, donde ví tantas y tantas veces a “Las Tres” (Laura Canoura, Flavia Rippa y Estela Magnone). Uno de los espectáculos de música uruguaya que más me llegó. La misma Barraca donde compartimos un whisky con Eduardo Mateo.
El boliche “Los Yuyos”, mítico reducto donde se acodaba Carlos Gardel, donde intentamos (“intentamos”) probar TODAS las variedades de caña con yuyos….
Si hablamos de boliches míticos, que otro que el Sorocabana, donde compartí 3 o 4 veces la mesa de Marosa di Giorgio tratando de dar forma a un reportaje que nunca se llegó a publicar.
El boliche (para mí sin nombre) que hay en el nacimiento de la calle Mercedes, a la altura del Victoria Plaza, donde los sábados al mediodía degustabamos grappa con limón con el “Muñeco” Murrú y Gustavito Sosa.
La uvita del Fun Fun. Tango y guapos de otra época.
“El tartamudo” en 8 de Octubre, que de alguna manera vino a sustituir aquella vieja Barraca.
El inolvidable “Olímpico” frente a la casa donde pasé mis años adolescentes. Boliche de los de antes: cancha de bochas, billar, futbolito, equipo de fútbol….. y mostrador. También el “Nuevo Aurora” en el mismo barrio, frente al Euskaro Español.
Fuera de Montevideo, pero aún en Uruguay, la “Puerta del Rancho” en la Barra de Maldonado, donde el Pepe Corvina inició la historia – su historia – de corvinas negras a las brasas y que luego siguió mismo en La Barra pero en otro local, donde malamente oficiamos por primera y única vez de mozos para turistas paracaidistas que llegaron cuando nadie los esperaba.
Cuantos me quedan fuera de esta crónica??!! Seguramente muchos, seguramente otros irán engrosando la historia. Nuestra historia.
Salú!!!


4 comentarios:

CASANDRA dijo...

...no me daba el aspecto de tener tanta noche!!! jajaj salúuu!!!

Jorge Pena dijo...

bueno bueno.... boliche es una cosa.... vivir sin guardar el equilibrio, es otra!! beso

Lucía.uy dijo...

Hola Jorge!

"otra vez los boliches nocturnos".....cómo me gusta esa canción!!!!!!!!! mirá si me gustará, que cuando tenía..mmmmmmm.....unos cuántos años menos, había dibujado una fachada "de lo que para mí" era un "boliche nocturno".....parecía más una pulpería que un boliche jajaja...pero bue! la cosa es que debajo, onda almanaque, y con aquella letra tan particular (con los palitos horizontales de las aes - y en general todos los palitos horizontales de las letritas)bien por allá arriba, había escrito toda la famosa canción, que luego me vine a enterar quién la había escrito y me costó creer.

Paaaaa que loco no? pero a mí me dicen Boliche y tan sólo me sale esa canción....

un abrazo para vos y otro para Lilí.

Jorge Pena dijo...

Lucía que tal? dentro de las locuras que no comenté, cerré "de palabra" una parrillada en el Mercado del Puerto y también "compré" con un amigo que menciono en la crónica, "La Barraca". Por suerte, en ambos casos, primó el sentido común de nuestras esposas!! Pero los boliches.... están siempre ahí... Ya se viene una crónica al respecto pero de "carácter internacional", espero la disfruten. Salú!