viernes, 20 de marzo de 2009

Tom Waits


Convengamos desde un principio que digerir la música de Tom Waits, no es para cualquiera.
Parte de esa dificultad estriba en que no se le puede encasillar dentro de ninguna etiqueta: hace rock? Nó, pero tiene muchos temas de ese género que son piezas de orfebrería; blues? tampoco, pero tiene la voz, el estilo, las cualidades para ser un grande del género; jazz? aún menos, y sin embargo hay algunos solos de saxo en su repertorio que conmueven hasta las piedras.
A todos estos datos distintivos de su música debería agregar la particular mescolanza de estilos que introduce en cada uno de sus discos: no se salva la música de circo (¿?), las tarantelas, las operetas, la lírica, el country folk, la música gitana, etc…, etc…, etc…. todo eso pasado por la particular licuadora de Waits que transforma todo en un estilo absolutamente personal, instransferible y hasta donde sé, sin antecedentes.

Justamente, el no estar dentro de un estilo predeterminado, lo convierte en un “bicho raro”: no es venerado por ninguna tribu en particular, pero sí escuchado con respeto y admiración desde distintas tiendas.
Músicos como Brian Eno o Lou Reed han participado de actuaciones en vivo de Waits; la dimensión de estas figuras indica claramente el respeto que le tienen en el ambiente artístico.

Ni que hablar de su relación con Francis F. Cóppola que lo llevó no solo a incursionar en algunas películas, sino también a enamorarse y casarse con una asistente del director.
Comparte hoy por hoy con su esposa, no solo algunos textos de sus temas, sino además la dirección artística por donde rumbea su obra.

La primera vez que lo escuché, no lo dudé: esa voz gutural, la forma de arrastrar las sílabas, etc…., no podían ser otras que las de un negro borracho cantante de “spirituals”, “soul” o cualquier otra de las disciplinas de la gente negra del norte.
Grande fue mi sorpresa cuando me encontré con ese muchacho (en aquellas épocas…..) rubio que nos miraba desafiante desde cada foto y que parecía desentenderse de todo e importarle poco o nada, lo que alguien pudiese pensar de su particular forma de encarar la música.

Leí alguna vez en algún lado, que mientras muchos utilizan la música para “vestir” una película, Tom Waits utiliza los sonidos de la vida para que sean el trasfondo de sus temas; así, es posible escucharlo caminado a las orilla de un río mientras va a pescar con un amigo, se sienten toses, sillas que se arrastran, etc… El sonido de la vida en cada canción. Recuerdo que una vez, Darnauchans dijo que no le interesaba grabar canciones en formato digital, pues perdían gran parte de su razón de ser. El sonido ascéptico, de laboratorio, no le interesaba al Darno que prefería el chirriante ruido de la púa sobre el vinilo.
Tom Waits, es de esa estirpe.

Agregaría por mi parte, algo que me pasa con su música y que no había experimentado antes con otros artistas: sus canciones tienen “olor”.
En sus temas se respira atmósfera viciada, humo de cigarrillos, hielos que se derriten en un vaso, sordidez…… ambiente prostibulario.
Para aquellos que no lo conocen, inciarse en la dura tarea de escuchar a Tom, puede ser menos complicada si se empieza por una trilogía de discos escenciales y que son hasta hoy, seguramente, lo más importante que ha dejado registrado.
Estos discos son “Rain dogs”, “Frank´s wild years” y “Swordfishtrombones".
Salú!!

1 comentario:

huggh dijo...

hace algunos años y gracias a una amiga descubrí a t w... es fino, a la vez que puede ser una topadora, si... mb la crónica, saludos, h