miércoles, 8 de octubre de 2008

APRENDIMOS A QUERERTE:

En 1989 Lily y yo, estábamos con un puñado de uruguayos, en Cuba, en calidad de turistas.
El turismo de aquella época, cuando la “gladnost” o la “perestroika” apenas comenzaban a gestarse, era muy distinto al turismo macdonalizado que impera hoy en todas partes del mundo.
Nuestra avidez de conocer el socialismo desde sus mismas entrañas, nos llevaba a preguntar, indagar, revisar nuestras filosofías a cada paso que dábamos por La Habana, Pinar del Río, Varadero, etc….
Y naturalmente, veíamos cosas positivas... y también de las otras.
Una tarde, una de esas charlas habituales que teníamos con nuestro grupo de viaje, se llevaba a cabo en el Hotel Inglaterra, una hermosísima construcción, recuerdo de épocas de yankees utilizando el patio trasero para hacer lo que no hacían en casa.
Sentados alrededor de una mesa, hablábamos con franqueza y sin tapujos de lo que cada uno opinaba (y aclaro que nos conocimos en La Habana, pese a ser todos oriundos del paisito…). Hablabamos de las cosas que nos despertaban dudas, de las cosas que no nos convencían, de la humildad – no la pobreza –que veíamos a nuestro alrededor y claro, en algún momento nos cuestionábamos si los esfuerzos de la revolución habían sido en vano o nó. Si había valido la pena tanto sacrificio, tanta muerte.
Un cubano de unos cuantos años que estaba en una mesa cercana a la nuestra, se paró y se acercó a nosotros indicándonos respetuosamente que no había podido evitar escuchar nuestra conversación. De entre los botones de su camisa raída por el tiempo, sacó una medalla con su nombre, indicando que había peleado como voluntario en Angola.
Nos decía “nadie me obligó a ir, fui por Fidel y por Camilo, por Ernesto y los compañeros, por la revolución y el socialismo”…..y allí estaba, anónimo testigo de una época. Junto a nosotros estaba la imagen del hombre que estuvo en las sierras y en la selva, en la amargura de la derrota y en la algarabía de la victoria final.

Me pareció el mejor homenaje en esta fecha, recordar al Comandante nó con la retórica y el discurso que conocemos hace ya 41 años, nó con la remera o el calco vacíos de contenidos (decía el Darno que en aquellas épocas “Guevara no era un poster de colgar….”), sino con la imagen de un par, de un semejante, de un compañero, de uno de esos seres anónimos que lo han dado todo por sus ideales, de justicia, de libertad, de solidaridad.

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