viernes, 19 de septiembre de 2008

LA PARTICULA DE DIOS



En su cuento corto “Los nueve mil millones de nombres de Dios”, Arthur Clarke plantea la historia de una orden de monjes tibetanos que generación tras generación tiene como mandato divino escribir todos los posibles nombres de Dios. La existencia de esos monjes – y de la humanidad toda – se ciñe a llevar a buen término esa tarea y contemplar lo que sucederá a partir del momento en que dicha labor haya culminado.
El lento trabajo del monasterio se ve alterado por la llegada de computadoras que resolverán en muy poco tiempo lo que a la humanidad le demandaría siglos de paciente esfuerzo.
El cuento se ubica en varios libros y antologías de ciencia ficción y en el que fuera lectura ineludible para la juventud de los 70, “El retorno de los brujos” de Louis Pauwells y Jacques Bergier. Pueden recurrir a esos libros quienes tengan interés en conocer el final de la historia.



El escritor uruguayo Mario Arregui, plantea el cometido de la humanidad en la Tierra desde otro ángulo: en uno de los cuentos de su libro “La escoba de la bruja”, la razón de nuestra existencia es encontrar el Hombre y la Mujer que lleguen a ser el zenit de lo que dios ha creado.
El Hombre y la Mujer que sean uno el complemento perfecto del otro, que sean la esencia de la vida misma.
Una tarea tan ardua como la de los monjes tibetanos, ya que dice Arregui que el hombre pudo haber vivido varios siglos atrás… y la mujer quizás hace 15 o 20 años nada más, por lo cual, lo nuestro, es un triste deambular por la existencia sin la más mínima posibilidad de llegar a cumplir con el objetivo trazado.
O lo que es aún peor: quizás esa pareja perfecta, vive en un mismo edificio de apartamentos en un barrio montevideano o en algún país de cualquier otra parte del mundo y sin embargo, nunca se cruzaron siquiera un “buen día”…..

En Bagdad, Irak o cualquier otro punto del planeta, alguien se inmola y de paso sacrifica a otros congéneres porque su versión de dios lo espera en el jardín del edén.
En Estados Unidos cada tanto lanzan satélites al espacio con la “9na Sinfonía” de Beethoven, “Across the universe” de Los Beatles, o “El hombre de Vitrrubio” de Leonardo Da Vinci.
Obras que se usan a modo de presentación de la humanidad para nuestros vecinos intergalácticos (menuda sorpresa si algun turista extraterrestre desembarca en Haití, Africa o Aparicio Saravia y San Martín…)
Pero la búsqueda de otras vidas en otros rincones del universo no es más que la necesidad de saber que dios o algo superior nos creó y que no fue tan obtuso como para tenernos absolutamente solos en este conjunto habitacional desmesuradamente amplio.


George Harrison en la segunda parte de la década del 60, imbuído por el misticismo oriental y el Hare Krishna dice que “estamos aquí para asemejarnos a dios. En definitiva, no importan ni las guerras ni las catástrofes, solo importa lo que ocurre en nosotros mismos”.
Lennon, en su período crítico tras la separación de los Beatles, dice que “dios es un concepto por el cual medimos nuestro sufrimiento” ……

Y así y así podríamos seguir hasta que llegamos a nuestros días, donde la ciencia-ficción, las artes, la física cuántica y el futuro se entremezclan en un túnel en la frontera franco-suiza.Un “acelerador de hadrones”….. término que seguramente el común de los mortales no habíamos oído hasta unas semanas atrás.
Allí, en ese túnel se conjugan teorías sobre el big bang, la biblia y el calefón.
Algunos pretenden, en nombre de la humanidad, tañir la música de las esferas, el sonido del universo según la teoría de las supercuerdas., el misterio insondable de la vida y sus comienzos.
Para unos, la catástrofe se producirá cuando dos partículas choquen en ese túnel a fines del mes de Octubre.
Otros, alientan la posibilidad de nuevos maravillosos descubrimientos a partir de conocimientos hasta ahora inalcanzables.
De un lado y del otro, se manejan anhelos, temores, que llegan a todos nosotros a traves de información compactada y pasada por la licuadora del “todo vale” en donde se hacen afirmaciones tajantes sin conocimiento de causa.
Lo importante es vender la noticia.
Como las tarjetas postales que le mandamos a los extraterrestres.
“Dios no juega a los dados con el universo” dijo A. Einstein, la humanidad hace oídos sordos e intenta sacar de la manga el As que nos ponga de cara a La Verdad.








































2 comentarios:

pepecorvina dijo...

buen dia jorgito, gracias por los articulos y mantenernos en vilo con tu pagina amplia, extensa, culta, divertida y didactica....
las vueltas de la vida me han hecho releer el retorno de los brujos y no me gustò para nada!
eramos muy ignorantes en la decada del 70, y hoy seguimos siendo tan ignorantes pero no nos tragamos la pastilla....
gracias por estar ahi!
estoy de mudanza
mañana o pasado tal vez empiece con lo de lovecraft!
pah!
y lo de dylan!
que a mi personalmente me resulta intragable, pero bueno, en la universidad a veces hay materias imbancables!!!
jajajaja
saludos
pp

Jorge Pena dijo...

Pepito, coincidimos (para variar un poco!!) con varias cosas.
Intenté también re leer El Retorno..... infumable.... excepto algunos pocos pasajes.
Dylan es para mí tambien una materia pendiente..... me llegan los clásicos, pero no puedo con toda su discografía.... te mando un abrazo