lunes, 21 de julio de 2008

LA CONJURA DE LOS NECIOS


Cuenta el editor Walker Percy, que en 1976 mientras daba clases en la Universidad de Loyola, recibía en forma casi diaria, llamadas telefónicas de una señora que insistía en que leyera unas copias a carbónico casi ilegibles de una novela inédita.
Percy le preguntó a dicha señora, porqué consideraba ella que él debía leerla.
La respuesta no pudo ser más contundente: “porque es una gran novela”.

Así comenzó Percy la lectura de “La conjura de los necios” escrita a principios de la década del 60 por un escritor desconocido llamado John Kennedy Toole que resultó ser no otro que el hijo de la citada señora.
Percy no pudo dejar de leer con asombro del primer al útlimo renglón de lo que le pareció una obra fantástica y prácticamente imposible de comparar con cualquier otra lectura. Es más, la leyó una tras otra, tres veces seguidas, y encontró siempre motivos nuevos de asombro, de regocijo, de incredulidad ante tamaña obra.
Ignatius Reilly – el protagonista principal de esta obra – es un gordo que está siempre en camisón de franela, de mediana edad, que vive con su madre alcoholica y cuyo único cometido en esta vida es escribir un monumental tratado filosófico en hojas sueltas y cuadernos escolares diseminados por todo su hediondo dormitorio. Apuntes, inconexos entre sí y que él define como “una obra demoledora en contra de un siglo demoledor”.
El propio Ignatius se ve como una mente superior viviendo en un siglo equivocado. Algunos de los pasajes de su tratado lo pintan de cuerpo entero: “al desmoronarse el sistema medieval, se impusieron los dioses del caos, la demencia y el mal gusto”.
La acuciante necesidad de su madre de algo de dinero – un elemento que Ignatius considera abyecto y rechazable como cualquier otro bien material – lo obligan a salir a trabajar. Y si el mundo exterior es un caos, con Ignatius enél, es mucho peor…..
El contacto con esa realidad puertas afuera, lo hace conocer una serie de personajes tan extravagantes como él y que marcan la decadencia de la sociedad: prostitutas, traficantes de pornografía, homosexuales, policías camuflados, negros empobrecidos, vendedores de salchichas, industriales frustrados, a los que se agrega una novia anarquista con la que tiene un contacto solamente epistolar pero que tiene incidencia fundamental en el desarrollo de la trama, etc…todos ellos involucrados en diferentes historias que parecen correr por carriles independientes, pero que van convergiendo en una sola en la cual el común denominador es Ignatius.
Para peor – o mejor dicho, para mejor – la historia se desarrolla en Nueva Orleans (el autor no podía haber elegido mejor terreno para montar esta historia) y en plena guerra fría con un anticomunismo generalizado flotando en el ambiente.
Percy describe a Ignatius como una mezcla de Don Quijote obeso, Oliver Hardy delirante y Tomás de Aquino perverso. Yo agregaría la figura del detective Torrente (el actor español Santiago Segura) un personaje materializado en varios filmes y que es la imagen exterior de Ignatius Reilly sin lugar a dudas.
El libro hace reír en varios pasajes (no hablo ya de sonrisas, sino de reír a carcajadas) pero también reflexionar sobre una sociedad que se cae a pedazos. Es entonces, una obra mordaz , amarga, triste en su reflejo de la segunda mitad del siglo XX.
La novela fue finalmente publicada por Percy recién en 1980 y al año siguiente fue ganadora del Premio Pulitzer.
Se le considera una de las obras mayores de la literatura norteamericana de todos los tiempos. En Nueva Orleans, se erigió un monumento de Ignatius Reilly como homenaje al autor y su obra, lo que da la pauta de la magnitud de esta obra.

El libro encierra en su contenido otra tragedia: John Kennedy Toole, su autor, se suicidó a los 32 años. Unos dicen que por la depresión ocasionada por su fracaso en publicar ésta, su única novela. Otros, dicen que como consecuencia de su ambigüedad sexual, una madre sobre protectora, el alcoholismo, etc…
Conociendo estos datos sobre JKT, uno ve otro trasfondo en “La conjura de los necios”:
Kennedy no solo vivia en N. Orleans, sino que algunos de los personajes de la novela pintan algunos de sus dramas personales y dicen quienes lo conocieron que son fiel reflejo de su atormentada vida interior.

Tras el éxito de “La conjura” , fue publicada una segunda novela que el autor había escrito a los 16 años y que él mismo consideró que no valía la pena, por lo cual para el mundo de las letras, el libro que nos ocupa es su único legado.
Dice Percy con razón, que además de la tragedia personal de JKT, se esconde otra mucho más global: la de haber privado con su suicidio a la literatura universal de un escritor mayúsculo.




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