lunes, 19 de mayo de 2008

ZELMAR MICHELINI



Ya van días y noches que pienso pobre flaco/y no puedo ni quiero apartar el recuerdo/

no el subido al cajon a la tribuna/con su palabra de espiral velocísima/que brindaba los pregones del pueblo/o encendía el futuro con unas pocas brasas/ni el cruzado sin tregua que quería/salvar la sangre prójima aferrándose/a la justicia esa pobre lisiada

no es el rostro allá arriba el que concurre/más bien el compañero del exilio/el cálido el sencillo aquel buen parroquiano/del boliche de la calle maipú/fiel al churrasco y al budín de pan/rodeado de hijos hijas yernos nietos/ese flamante abuelo con cara de muchacho/hablando del paisito con la pasión ecuánime/sin olvidar heridas/y tampoco quedándose en el barro/siempre haciendo proyectos y eran viables/ya que su vocación de abrecaminos/lo llevaba a fundar optimismos atajos/cuando alguno se daba por maltrecho

y a pesar de la turiba mezcolanza/que hay en el techo gris de la derrota/nadie consiguió que tildara de enemigos/a quienes bien o mal/radiantes o borrosos/faros o farolitos/era pueblo como él/y también comparece el vigilado/por esos tiras mansos con quienes conversaba/de cine libros y otras zancadillas/en el hotel o escala o nostalgiario/de la calle corrientes

sé que una vez el dueño que era amigo/lo reconvinoporque había una cola/de cincuenta orientales nada menos/que venían con dudas abandonos/harapos desempleos frustraciones conatos/pavores esperanzas cábalas utopías

y él escuchaba a todos/él ayudaba comprendía a todos/lo hacía cuerdamente y si algo prometía/lo iba a cumplir después con el mismo rigor/que si fuera un contrato ante escribano/no se puede agregar decía despacito/más angustia a la angustia/no hay derecho/y trabajaba siempre/noche y día/quizá para olvidar que la muerte miraba/de un solo manotazo espantaba sus miedos/como si fueran moscas o rumores/ y pese a las calumnias las alarmas/su confianza era casi indestructible/llevaba la alegría siempre ilesa/de la gente que cumple con la gente

solo una imágen lo vencía/y era la hija inerme/la hija en la tortura/durante quince insomnios la engañaron/diciéndole/que lo habían borrado en argentina/era un viejo proyecto por lo visto/entonces sí pedía ayuda para/no caer en la desesperación/para no maldecir más de la cuenta

ya van días y nochyes que pienso pobre flaco/un modo de decir pobres nosotros/que nos hemos quedado/sin su fraternidad sobre la tierra

no se me borran la sonrisa el gesto/de la última vez que lo ví junto a chicho/y no le dije adiós sino cuidate/pero los dos sabíamos que no se iba a cuidar/por lo común cuando cae un verdugo/un doctor en crueldad un mitrione cualquiera/los canallas zalameros recuerdan/que deja dos tres cuatro/verduguitos en cierne

ahora qué problema este hombre legal/este hombre cabal acribillado/este muerto inmorible con las manos atadas/deja diez hijos tras de sí/diez huellas

pienso en cecilia en chicho/en isabel margarita felipe/y los otros que siempre lo rodeaban/porque también a ellos inspiraba confianza/y que lindos gurises ojalá/vayan poquito a poco entiendiendo su duelo/resembrando a zelmar en sus diez surcos

puede que la tristeza me haga decir ahora/sin el aval de las computadoras/que era el mejor de nosotros/y era/pero nada me hará olvidar que fue/quien haciendo y rehaciendo/se purificó más en el exilio

mañana apretaremos con los dientes/este gajo de asombro/este agrio absurdo gajo/y tragaremos/seguirá la vida/pero hoy este horror es demasiado

que no profane el odio/a este bueno yacente a este justo/que el odio quede fuera del recinto/donde están los que quiso y que no quieren

solo por esta noche/por esta pena apenas/para que nada tizne/esta vela de almas

pocos podrán como él/caer tan generosos/tan atrozmente ingenuos/tan limpiamente osados

mejor juntemos nuestras osadías/la generosidad más generosa/y además instalemos con urgencia/fieles radares en la ingenuidad/convoquemos aquí a nuestros zelmares/esos que el mismo nos dejó en custodia/él que ayudó a cada uno en su combate/en su más sola soledad/y hasta nos escuchó los pobres sueños/el que siempre salía de alguna pesadilla/y si tendía una mano era una mano/y si daba consuelo era consuelo/y nunca un simulacro

convoquemos aqui a nuestros zelamres/en ellos no hay ceniza/ni muerte ni derrota ni tierno descalabro/nuestros zelmares siguen tan campantes/señeros y renacidos/únicos y plurales/fieles y hospitalarios

convoquemos aquí a nuestros zelmares/y si aún así fraternos/así reunidos en un duro abrazo/en una limpia desesperación/cada uno de esos módicos zelmares/echa de menos a zelmar/será/ que el horror sigue siendo demasiado/y ya que nuestro muerto/como diría roque en plena vida/es un indócil/ya que es un difunto peliagudo/que no muere en nosotros/pero muere

que cada uno llore como pueda/a lo mejor entonces/nuestro zelmar/ese de cada uno/ese que él mismo nos dejó en custodia/a cada uno tenderá una mano/y como en tantas otras/malas suertes y noches/nos sacará del pozo/desamortajará nuestra alegría/y empezará a brindarnos los pregones/a encender el futuro con unas pocas brasas.

Mario Benedetti - Mayo 1976

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