lunes, 5 de mayo de 2008

MAROSA DI GIORGIO


Lo primero que leí de Marosa, fueron fragmentos de sus textos aparecidos en algun espacio cultural del diario El Dia.
Con apenas unas pocas líneas, ya intuí que allí estaba uno de esos personajes de los que uno queda prendado para siempre.
El siguiente paso fue comprar Clavel y tenebrario que hacía poco había sido editado.
Luego, en epocas de dictadura y con poco espacio para desarrollar actividades culturales, un grupo de uruguayos (entre ellos mi amigo Enzo Vizzolini y Jorge Nasser) daban inicio a la aventura de editar una revista (Periscopio) con contenidos de cine, musica, literatura, etc.... Desde esta orilla del río, otro grupo de uruguayos con Macunaíma a la cabeza, escribíamos un Dossier para esa revista, en el que se incluían notas exclusivamente de Uruguay.
En ese contexto, realicé mis pocas actividades de pseudo periodista, con entrevistas al científico uruguayo Dr. E. Bertullo, a Eduardo Darnauchans, al pintor Julio Olivera, y entre otros nombres más, a Marosa Di Giorgio.
Encontrarla era tarea fácil, todos las tardecitas acompañada de un eterno pocillo de café y de Wilfredo Penco, se encontraba en el legendario Sorocabana. Tuvimos una serie de reuniones en las que le planteé la idea de la revista y de la nota en particular. Mis miedos o mis dudas a mis "primeros reportajes" se vieron ampliamente superados por la timidez de Marosa y su renuencia a hablar demasiado sobre su vida y su obra.
Tras esas reuniones y cuando ya la entrevista era un hecho, me pidió que escribiera en una hoja todas las preguntas y ella las contestaría por escrito.
Asi guardo en casa, unas cuantas servilletas de papel escritas de puño y letra por Marosa. Recuerdo específicamente una de ellas, en la cual, a la pregunta de "de donde salen esos seres alados, esos seres irreales de sus textos", Marosa escuetamente contestó "Nadie elige lo que va a soñar".
Como siempre, incluyo algún texto para que quienes no los conocen y les interese, se acerquen a la literatura de esta fantástica autora uruguaya:
Existe un hermosísimo idioma, cuyas palabras parecen casitas hechas con hongos. A su lado, palidecen las más bellas letras rúnicas.
Lo descubrí una tarde, y no lejos: aquí nomás, mientras avanzaba entre las boticas de los eucaliptos, a la hora en que las paredes se colman de estrellas, y desde los árboles y el cielo, caen pastillas y perlas, vi el idioma y lo entendí, enseguida, como si siempre, hubiera sido el mío.
Oigo a los perros de la infancia, allá en la remota propiedad donde vivían los gladiolos de luz de luna, que en la noche, caminaban como personas, pasaban todo el prado, iban hasta la casa, espiaban las cenas, el amor.
La esplendorosa hoguera de los lirios, de las almas, la medianoche en que moríamos quemados, y la resurrección.
Eran Estela y Laura, indefinidamente.
Si Estela llamaba a Laura, Estela, Laura respondía como si fuese Estela.
Las conocí en la antigua casa; todo en orden, los pocillos como grandes dientes, los ojos de los gatos, las lámparas musicales y aquellas mariposas que la misma madre tejía con una pelusa de oro, y que despues, no se como, cobraban vida y volaban por las habitaciones y los jardines.
Estela y Laura, con las diademas de piedras y las zapatillas agudas.
Reinaron muchos años sobre las viejas casas.

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