jueves, 15 de mayo de 2008

EDUARDO MATEO


A mediados de los 60, mientras el mundo de la música giraba en torno a lo que hicieran Los Beatles, aquí una banda integrada entre otros por Ruben Rada, Urbano Moraes, Chichito Cabral, y liderada musical y espiritualmente por Eduardo Mateo, hacía “candombe beat”, mezclaba guitarras eléctricas con percusiones hindúes, utilizaba tumbadoras mucho antes que Carlos Santana, experimentaba con música de raíces regionales y por encima de todo, hacía música en español.Impensable. Era El Kinto Conjunto, de quien solo quedaron grabaciones efectuadas para play backs de Discodromo o simples ensayos.

Por suerte, se rescataron cintas que se integraron al disco Musicación 4 y ½ y para Circa 1968.

Tras la disolución de El Kinto, Eduardo Mateo comenzó su largo peregrinaje como solista. En ese momento, el rock con sus guitarras estridentes con improvisaciones interminables, copaba el escenario musical. Mateo, siempre a contra mano, sacaba “Mateo solo bien se lame”, un disco acústico en el que cantó todas las voces y ejecutó todos los instrumentos él solo. Muchos años después la historia permitió conocer en las condiciones que fue grabado ese album en Buenos Aires: Mateo llegaba todos los días al estudio y tocaba en su guitarra un puñado de canciones que a todos los que escuchaban les parecían maravillosas. Al otro día regresaba generalmente drogado o borracho y tiraba por la borda todo lo previamente grabado diciendo que era “una porquería” y presentaba otro lote de canciones tan fenomenales como las del día anterior, y que nuevamente serían descartadas al día siguiente.
Este proceso nunca terminó. En los hechos, el disco propiamente dicho nunca se concretó. Lo que luego se editó fue la elección de canciones que Daniel Piriz, el ingeniero de grabación, creó a partir de las cintas de todos los temas que Mateo fue “ensayando” y descartando en estudio.


Sobre la música de Mateo me resulta dificilísimo hablar. Es incomprendida para la mayoría de lo que se podría llamar un “oyente medio”, y sin embargo admirada y venerada por prácticamente todo el espectro de músicos uruguayos (y argentinos) que la escucharon. A veces parece un “cliché” pero todos los grandes nombres de la música popular uruguaya, Rada, Roos, F. Cabrera, entre otros, tienen a Mateo como el supremo gurú.
Sentí alguna vez a Jorge Nasser decir que “Nombre de bienes” debe ser el mejor tema de la música popular uruguaya en toda su historia. Temas como “Príncipe azul” y “Hoy te ví” tienen infinidad de versiones. De “Principe azul” hay hasta versiones en francés e italiano. Milton Nascimento hizo su versión de “Cuerpo y alma”. Hugo Fattorusso, con su virtuosismo y capacidad técnica indiscutida, dijo más de una vez que se le hacía a veces imposible seguir a Mateo en sus temas dada la complejidad armónica que tenían.


Las anéctodatas de Mateo son tan inagotables como su imaginación: cuando en su deterioro físico y mental, deambulaba por 18 mendigando, decía que lo que hacía no era pedir limosna, sino cobrar los derechos de autor que nunca le habían pago.
Le mangueó a Leon Giecco dos entradas para un recital que éste realizaba en Montevideo con el argumento de que él era el autor de “Principe azul”, tema versionado por León. Gieco le consiguió un par de ingresos, y cuando esperaba verlo en la platea del teatro, no lo encontró: Mateo había vendido las entradas y se había ido a comer unas pizzas con los dineros resultantes de su transacción.

En “Razones locas” el libro de Ghillerme Alencar sobre la vida de Mateo, entre otras anécdotas cuenta que en un recital, desgranaba sus canciones sentado en una silla con su guitarra acústica. De pronto, se paró y dijo “ahora, solo de guitarra”. Dejó su instrumento en la silla y se retiró del escenario. Pasados algunos minutos, el público se rió de la ocurrencia, pero lo cierto es que no volvió al escenario y los espectadores, muchos de ellos enojados, mientras se iban lo vieron sentado en un café en la esquina tomandose una con su clásica sonrisa de niño travieso.


También es famosa la anécdota del recital en que estaba interpretando uno de sus temas y vino un corte de luz. Mateo se quedó quieto a oscuras y en el mismo momento que se re estableció la energía eléctrica, re enganchó tono y voz de la canción tal como si lo hubiesen dejado en “pausa”.


Tuve la fortuna de verlo en vivo en infinidad de ocasiones.
Rescato dos o tres que son las que más recuerdo.
Cuando el Opa Trío (los Fattoruso y Ringo Thielmann) volvió a Uruguay, hicieron un recital en el cine Plaza. Entre los invitados figuraban un jovensísimo Jaime Roos, Jorginho Gularte y por supuesto Eduardo Mateo quien hizo dos o tres de sus temas. Fuimos con Lily y mis primos Ruben y Selva.
Mis primos, de otra generación un poco mayor a la nuestra, tenían un recuerdo del Mateo de Orfeo Negro, de los temas emparentados con la bossa nova, de la época de Dianne Denoir, de su propia juventud en definitiva…. No olvido las lágrimas de mi prima viendo a Mateo convertido en un ser diametralmente opuesto al que ellos habían conocido y al que anhelaban encontrar.


Recuerdo otra actuación en un teatro céntrico, probablemente el Stella D´Italia, Mateo tocaba solo en el escenario y desde la tertulia se comenzó a escuchar un sonido como de violín que acompañaba lo que Mateo hacía en el escenario. Conociendo a Mateo, quizás lo que la gente esperaba era su ira o su desprecio por quien lo interrumpía, pero lejos de enojarse, pidió que el que tocaba subiera al escenario.

Era Harotium y su instrumento de origen armenio, el kemanchá. Un músico que luego supo acompañar distintas experiencias del rock uruguayo. Una experiencia inolvidable la conjunción de ambos músicos.


Recuerdo también un cumpleaños de un amigo que se festejó en La Barraca.
Mateo fue a tocar, “por unos pesos o por un plato de comida o un vaso de vino”. En ese ambiente de jolgorio y de gente ajena a la música de Mateo, no pasábamos de dos o tres los que realmente
escuchábamos con atención lo que hacía.
Se reían de Mateo y él los festejaba. Cuando entre copa y copa ya nadie prestaba atención a lo que hacía, comenzó a improvisar melodías en su guitarra y a murmurar letras imposibles. Me lamentaré siempre de no haber tenido un grabador a mano! Sería un registro histórico a estas alturas.
Mateo, señor del tiempo…… salú!!!!









3 comentarios:

Lucía.uy dijo...

.....pucha! se me piantó un lagrimón.......

buen recuerdo de Mateo;salú!

Lucía

El Boulevard dijo...

Hola! Hernán me dijo que ya te llego El boulevard, me gusto mucho la nota de Mateo es una lastima que buenos músicos o que en general la cultura nacional solo se nos hagan cercanos a los mas "jóvenes" a través de un proceso de investigación o una movilización interna, me gusto mucho lo que escribiste en el blog si te interesa mandarme una nota, podes hacerlo. Me pareció muy interesante lo de leo Antunez, si queres propongo la nota en la “redacción” y te mando unas pautas de estilo para publicarla, también tenemos espacio de ficción, si escribís cuentos o poemas mándamelos al mail (carolina_gelfont@hotmail.com) en caso de interesarte. Pavada de comentario!
Besos, Carolina

pepecorvina dijo...

en una de las idas a mvdeo allà por los ochentas, acampamos en la casa de yoney, y el loco no andaba muy bien con su esposa y nos fuimos de chupandinga, me dijo....a ver pepe llevame a alguno de esos boliches de canto popu asi veo algo y nos tomamos unos caliboratos, cuando llegamos a la barraca, ya estabamos en curda, y justo, tocaba mateo, no habia mucha gente y nos sentamos en la primera fila, todo muy divertido, hasta que a yoney se le ocurre subir al escenario y empezar a tironear de la guitarra de mateo, y no lo dejaba cantar, yo no sabia donde meterme, y pensaba salir corriendo, cuando en eso gritan del fondo:
pepe! llevate a tu amigo!!!
impresionante!!!