miércoles, 23 de abril de 2008

ROSAURA A LAS DIEZ



Tengo un vecino en Parque del Plata de quien me separa una enredadera lindera y más de una generación de diferencia.
Sin embargo, ambos intuímos que tenemos puntos en común, puntos de contacto.
Obviamente, hay elementos que contribuyen a esa idea: él escucha en el fondo de su casa a Alejandro Dolina y "La venganza será terrible", y yo le contesto con "Las 4 estaciones" de Vivaldi; él tararea un fado portugués (Barco Negro) y yo interpreto (o intento) "Greensleeves" en mi flauta traversa.
Este verano, se acercó y me dijo que tenía muchos libros para regalarme, pues estaba emprendiendo la última etapa de su viaje y quería hacerla “liviano de equipaje”.
Una enorme sabiduría y no menos importante, una entereza brutal.
La veintena de libros que me obsequió es material suficiente para pasar el duro invierno que seguramente se avecina, peo entre tantos títulos de Washington Benavidez, Jack London, y otros, Lily comenzó leyendo “Rosaura a las diez” de Marco Denevi.
Lo leyó de un tirón y cuando me lo pasó me dijo, “este te va a gustar” y lo definió de alguna manera como un “misterio policial-psicológico”.
Confieso que el nombre me sonaba como el de una película argentina de mucho tiempo atrás, cosa que más tarde comprobé que efectivamente existía y se realizó a partir de la novela, siendo su actor principal el uruguayo Juan Verdaguer.
Sin más preámbulo me sumergí en la lectura del libro que rezaba en su tapa “Galardonada con el Premio Kraft 1955”.
La historia transcurre en una pensión de Buenos Aires donde 4 o 5 personajes, a cual de ellos más estrafalario, cuentan ante un tercero los sucesos que terminan en un crimen y sobre el cual, la figura del personaje principal Camilo Canegato, artista, bohemio, restaurador de cuadros, etc.., recaen todas las sospechas.
Esos personajes – la dueña de la pensión, un pensionista, el propio Canegato entre otros – ocupan cada uno de ellos un capítulo de esta novela y la forma en que cada uno de ellos se presenta y describe los sucesos es sencillamente magistral.
Marco Denevi murió en 1998 y este libro que me obsequian potenció mi interés en este autor de quien - veo ahora - es considerado en Argentina como uno de sus escritores mayores aunque su nivel de popularidad no sea tan grande como el de otros grandes del país vecino.
El interés que se despertó en mí a partir de esta novela, es el que intento transmitir en el blog, que como ya dije, no tiene otra intención que justamente promocionar todas aquellas instancias culturales que puedan ser de interés a quienes tienen la paciencia de leer estas notas.
Para que sirva de pequeña muestra de lo que es “Rosaura a las diez”, transcribo un pequeño pasaje del alucinante relato de Camilo Canegato en esta magnífica obra:
“Quien dijo, que si los sueños tuvieran la periodicidad de la experiencia, nadie sabria ya cuando sueña y cuando esta despierto. ……… Yo he tenido sueños periódicos, repetidos, constantes.. Hay todo un universo de calles, de teatros, de hombres y mujeres, de perros y de flores al que yo vuelvo muchas veces en sueños…… Es siempre el mismo sueño, no la misma escena: el mismo escenario. La escena cambia. Una vez sueño una cosa y otra vez otra. Pero en los mismos sitios, en los mismos lugares, con las mismas personas que tienen siempre el mismo nombre, la misma cara, el mismo aspecto………… también he soñado que soñaba. Usted nó? Usted no habrá pasado nunca del primer círculo del sueño. Pero yo sí. Yo soñé que soñaba. Y soñé que despertaba del segundo sueño, del sueño soñado y decia – ah, fue un sueño – y creía estar despierto. Quizá la vida sea eso, un sueño metido dentro de otro. Quizá la vida sea el tercer sueño concéntrico del que uno despierta cuando se muere”.

1 comentario:

pepecorvina dijo...

mira, si sacas un par de notes de greensleves te felicito!!!
jajajaja
saludos a gardel!!!!!